En varias ocasiones, muchos padres de familia e incluso nosotros como docentes hemos sugerido a nuestros alumnos o a nuestros hijos hacer “algo” cuando ellos dicen estar aburridos.
Sabemos que el aburrimiento es ese episodio en el que no hay o no tenemos algo específico que hacer, pero si lo pensamos de una manera diferente, no siempre tenemos inventar o designar actividades dedicadas a ese episodio “vacío”. Es por ello que debemos reconocer que poco se habla de las repetidas veces en que el aburrimiento nos ha llevado a abrir una grandiosa puerta: la creatividad.
A través de esta puerta, muchos de nosotros, por no decir todos, en un sinnúmero de ocasiones hemos encontrado oportunidades para jugar, inventar, explorar, ser más curiosos, etc. Desde que somos unos niños lo hemos estado aplicando. En este punto es importantísimo hacer énfasis en cuál es la razón para que empecemos a pensar que aburrirse es malo mientras vamos creciendo. A propósito de ello, el psicólogo infantil y juvenil Abel Domínguez menciona:
“Sería muy bueno quitar la carga negativa del término “aburrimiento”. El mismo puede ser incómodo, pero no es malo. Es inherente al ser humano, porque somos curiosos por naturaleza. A los niños les permite ser creativos, ir más allá de las pantallas, descubrir el mundo y buscar su entretenimiento de forma activa”. (La Vanguardia, 2019)
Si aplicamos lo concebido en el párrafo anterior, seríamos capaces de reconocer que no necesariamente debemos “tener tareas, actividades o simplemente algo por hacer”, sino que, al contario, dichos episodios pueden ser calves para que descubramos aquello que no sabíamos que poseemos o algo nuevo que nos gusta.
En varias ocasiones, estos episodios son asociados con conceptos distintos como: flojera, vagancia o pereza, sin embargo, es importante que mientras vamos creciendo, comprendamos el verdadero significado de “aburrirse”, para ello la BBC MUNDO nos comparte uno de los tips más importantes para dejar de lado el hecho de malinterpretar el ocio:
- Hacer silencio: Muchas veces el poder estar en silencio, hace que nuestra mente divague, reflexione, encuentre algo nuevo, y no me refiero al hecho de pensar en actividades por realizar o terminar, sino el hecho de dejar de lado todos los pendientes y simplemente dejarse llevar por ese momento único y realmente sigiloso que le pertenece exclusivamente a nuestra imaginación.


