“Un maestro es una brújula que activa los imanes de la curiosidad, el conocimiento, el amor y sabiduría en los alumnos”
Ever Garrison
Hoy en día la educación atraviesa grandes retos y preocupaciones de un futuro incierto, esta dinámica de interacción de niños y adultos ha cambiado y con ella la educación, pero con total seguridad se puede afirmar que esta incertidumbre ha despertado aún más el espíritu del docente amoroso, motivador, perspicaz, imaginativo, creativo, investigador, tecnológico y muchas habilidades que quizás antes se desconocía.
Ahora la escuela y el hogar se convierten en un mismo espacio, un lugar de experiencias gratificantes donde la relación de la familia y la escuela se ha potenciado, el hecho de convivir con abuelos, padres, hermanos, tíos, primos y como no con los alumnos que con su inocencia nos han permitido conocer pequeños rinconcitos de su hogar, sus juguetes, comida preferida o incluso su ropa de dormir, detalles que difícilmente se pudo conocer en la presencialidad.
El nuevo ritmo de vida ha sido un gran reto profesional y personal, cambiar por completo los horarios, metodología, materiales y recursos, pero siempre pensando en que cada cambio era por mis niños, el adecuar mi hogar en un espacio de aprendizaje y más aun de diversión que no solamente me permitan fortalecer conocimientos académicos, también forjar en mis niños el compañerismo, el amor, el respeto hacia su familia y el prójimo.
La incertidumbre poco a poco desapareció con el transcurso de los días, la comunicación se convirtió el arma más fuerte; el contar anécdotas, chistes, lo que sucedía la noche anterior o simplemente esas palabras que se suscitaban de forma espontánea hasta provocarnos un sinfín de risas, cada uno de estos momentos permitió afianzar esos lazos emocionales y de afecto.
Si bien es cierto se limitó el jugar y compartir con sus pares de forma presencial cada clase fue pensada en el disfrute y en aprovechar al máximo cada recurso y espacio de casa; la cocina, el baño, la sala, el jardín y el dormitorio, fueron recursos indispensable para el aprendizaje, todo con el fin de brindar lo mejor a mis alumnos y con ello reducir esa forma de extrañar su escuelita, los columpios, la comida, las canchas, sus amigos y docente, aunque muchas veces me dejaron sin palabras porque no había fecha exacta para un retorno, pese a ello sé que mis niños se llevaron las mejores experiencias y recuerdos de este este año difícil, pero maravilloso por todo lo que nos permitió vivir a través de la pantalla.


