Oír y escuchar… ¿Significan lo mismo?

Actualmente, ¿hacemos buen uso de los términos oír y escuchar?…
Seguramente todos, hemos atravesado por situaciones en las que nos encontramos “charlando” con alguien más mientras nos cuentan varias cosas, pero, al término de esta charla no somos capaces de recordar de qué hablamos con esa persona o incluso ni siquiera sabemos qué, cuándo o por qué se mencionó algo.
Pues estamos hablando sobre la gran pero no tan notada diferencia entre saber oír y saber escuchar… Si bien es cierto, podríamos decir que son palabras sinónimas y las emplearíamos exactamente en los mismos contextos, pero ¿hemos reflexionado a fondo si estos términos tienen los mismos significados?. Según la RAE, el término oír, se refiere exclusivamente al acto de percibir un sonido, como por ejemplo el ladrido de un perro, cuando un lápiz cae al suelo, cuando se rompe algún vidrio, etc. Pues son únicamente sonidos que ingresan por nuestro canal auditivo externo.
Por su parte, el término escuchar, se refiere al acto de prestar atención a lo que se oye, es decir, el proceso que se lleva a cabo en el cerebro donde este último, hace que las funciones cognitivas le permitan al ser humano entender y comprender lo que la otra persona está diciendo, como por ejemplo escuchar una conversación, interpretar lo que se ha dicho y generar una respuesta.
Dado esto, puedo asegurar que hoy en día muchos de nosotros, por no decir todos, hemos pasado por situaciones donde oímos, pero no escuchamos… ¿Ahora bien, a qué se debe esto? pues, básicamente a la poca atención que prestamos.
Si nos situamos ahora, en el contexto educativo específicamente, sabemos que esto nos ha ocurrido tanto a docentes, estudiantes, como a padres de familia. Durante las clases, es bastante común que ocurra esto, por ejemplo, cuando iniciamos una clase, sabemos el momento en el que se logra la primera conexión entre nosotros, la clase y los estudiantes, pero no es extraño que mientras avanza la hora de clase, esta conexión se rompa y sea imposible recuperarla. Todo esto gira también en torno a cuánta atención prestamos a la
hora de escuchar.
El escritor y orador J. Krishnamurti afirmaba que “Escuchar es un acto de silencio”.
Mientras no callemos nuestro diálogo interno y prestemos atención a nuestro interlocutor, no aprenderemos a escuchar. Solo una actitud de escucha atenta hace fecunda la palabra que podemos dar a nuestro interlocutor. (Sánchez Cuevas, 2019)
Es por ello que resulta importante e indispensable que cuando entablemos una situación comunicativa, no solo oír, sino también escuchar. Si nos preguntamos ¿cómo hacerlo? Es cuestión quizá de dejar de realizar actividades que nublan nuestra concentración, darle la debida importancia a lo que se está diciendo, con ello incluso podemos hacer sentir a nuestro interlocutor que le estamos escuchando, que estamos interpretando lo que nos dice y por ende estamos generando un espacio de respeto, transparencia y comprensión.
Empecemos entonces por desarrollar y mejorar nuestra habilidad de saber escuchar para así enseñar a nuestros alumnos a que lo hagan, y sobre todo para que como individuos dentro de una sociedad dejemos de escuchar para contestar, y aprendamos a escuchar para entender.

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La educación es un ornamento en la prosperidad y un refugio en la adversidad

Lcda. Jessica CevallosDocente GRB