El arte se hace presente en la vida de cada persona y se comparte de maneras diversas. Propicia la representación de la experiencia a través de símbolos que pueden ser verbales, corporales, sonoros, plásticos o visuales, entre otros. De esta forma el arte impulsa la exploración y expresión por medio de diversos lenguajes artísticos para encontrar aquello que no solo hace únicos a los individuos, sino que los conecta con una colectividad, resulta fundamental en la primera infancia, puesto que lleva a establecer numerosas conexiones: con uno mismo, con los demás, con el contexto y con la cultura, dónde le permite entrar en contacto con el legado cultural de una sociedad y con el ambiente que rodea a la familia.
El arte posibilita integrar las experiencias de vida con lo que sucede tanto en el entorno educativo cómo en los otros espacios en los que transcurre la vida de los niños y niñas, la cual estas experiencias se convierten en formas orgánicas, vitales de habitar el mundo y contribuir a evidenciar por medio de diversas formas de comunicación y expresión.
De esta manera el arte contempla como una actividad inherente al desarrollo infantil que contribuye a evidenciar y poseer un carácter potenciador de creatividad, sensibilidad, expresividad y sentido estético. El arte es también para ellos una manera de apropiarse de su cultura y de construir su identidad dentro de la misma, para así potenciar las capacidades intelectuales del niño, pero también lo hace con la comunicación entre padres e hijos a edades muy tempranas porque a través de los dibujos, la plastilina, la pintura e incluso también el baile, los padres podrán conocer un poco más a sus hijos, ya que los dota de iniciativas, recursos, confianza y además comienzan a comprender mejor su entorno a medida que van creciendo comprenden el mundo de una manera crítica y madura.


