“LA DIFERENCIA NO ESTÁ EN LO QUE HACEMOS, SI NO EN EL AMOR QUE PONEMOS EN LO
QUE HACEMOS”. María Teresa de Calcuta.
A través del tiempo y en repetidas ocasiones he escuchado decir : “eres maestra, es fácil
trabajar con niños” simulando con esto una expresión simplista al escuchar la palabra
maestra. La verdad que sí, es fácil, es fácil cuando uno ama lo que hace, cuando tus alumnos se
convierten en parte de tu día a día y van formando parte de tu vida, se vuelve fácil cuando
nuestro pensar y accionar están dirigidos a buscar su entero bienestar, cuando sus problemas
e inquietudes nos agobian, cuando al empatizar con ellos te vuelves su consuelo y compañía
aún en situaciones simples y sin importancia; si, tienen razón, es muy sencillo ser maestra.
Existe esta frase que me gusta mucho “No basta amar a los niños, es preciso que ellos se den
cuenta que son amados”. Dentro del campo de la educación y más que educación, enseñanza,
esto juega un papel muy importante; el amor proporciona a los niños seguridad en sí mismos,
confianza hacia quienes lo rodean, estabilidad en el manejo de sus emociones y esto a su vez
permite desarrollarse como seres humanos seguros.
Como maestros, como profesionales de la educación, tenemos una gran responsabilidad y
debemos poner el amor en el centro de nuestra vida y de manera especial en el salón de
clases, el mismo que para muchos niños se convierte en un refugio, en el cual aprenden,
comparten y desarrollan espontaneidad y confianza.
Puede ser que tengas como profesional la mejor preparación y las mejores metodologías de
enseñanza, pero sin el amor, la paciencia, la vocación y sobre todo la entrega; me atrevería a
decir que los resultados jamás serán los mismos, que cuando aplicas los valores antes
mencionados.
Mi carrera de maestra a través de los años ha representado un reto constante, cada día he
experimentado las diferentes reacciones a los diversos estímulos y vivencias, ha sido un
camino difícil, pero a la vez lleno de satisfacciones , la verdad, siempre llegó a la misma
conclusión el amor es el ingrediente más importante para una enseñanza plena, ese amor
que te abre caminos, te inspira a dar y buscar siempre lo mejor, pero sobre todo te hace
descubrir ese potencial insospechable que guarda cada niño, que permite también el
crecimiento del maestro.
En mi trayectoria como maestra en la Unidad Educativa Gonzalo Ruales Benalcázar he
logrado desarrollar a un nivel muchos más alto mis habilidades y convicciones sobre la
importancia de involucrarse en la vida de nuestros alumnos. La Misión y Visión que tiene
como institución y el gran apoyo de sus Directivos han hecho que el camino sea aún más
completo. Dentro de la institución los niños están seguros, el compromiso de quienes
formamos esta gran familia está garantizado porque lo que hacemos , lo hacemos con amor
del bueno.
El amor siempre cura y restaura, así mismo educa al corazón que lo necesite.


