“La Paz solo llegará cuando todos los corazones estén llenos de respeto por la Tierra, la naturaleza, y todos los demás seres humanos, y cuando podamos superar el provecho personal a favor de la colaboración por la paz universal.”(Wolf. A. 1999a)
Un camino que nos pueda conducir por la senda de la convivencia pacífica, es una de las misiones más importantes para quienes tenemos la gran responsabilidad y a la vez la suerte de ser educadores, no hay estado espiritual más útil que nos pueda llevar a la máxima calidad de vida y que nos permita vivir en armonía con el resto de los seres humanos como es el don de la paz.
Todo parte de la enseñanza de la persona como individuo, porque si pensamos en su bienestar, de alguna manera se convierte en el bienestar de la sociedad Los docentes tienen un papel trascendente como miembros de la sociedad en la que vivimos, como guías y formadores del estado de paz individual y como participantes activos en la búsqueda de la paz, pues esta representa la función impulsora de nuestra misión, la mayor virtud y el mayor valor; nos permite respetar a los demás, sentir un valioso aprecio por la diferencia, una rica contribución a la calidad humana, y no entrar en conflicto frente a estándares personales no compartidos.
Educar y educarnos para la paz nos permitirá resolver las situaciones de conflicto y así lograr una sociedad más armónica, una interrelación transparente y más madura, que una que se quede en un estado de incontrolable estasis emocional y viva eternamente disfrutando de la descalificación vivir atacando en vez de convivir plenamente en paz, porque el propósito de la educación es ayudar a las personas a desarrollar las habilidades necesarias para desarrollarse como ciudadanos con derechos, deberes y responsabilidades. Las competencias son de interés primordial no sólo en el conocimiento de las diferentes materias o departamentos del currículo, sino también en otras temáticas comprendidas en los contenidos transversales, que son de gran importancia en los tiempos actuales y que nuestra realidad social demanda con urgencia.
En estos momentos de crisis, cuando hay tanta violencia en las instituciones, en las calles y en el ambiente en general, cuando se pierde el estado de derecho, solo queda la unidad, los valores salvadores y la creencia en la necesidad de la unidad porque solo eso nos puede traer la paz. La paz no se puede subyugar, no tolera ningún yugo, sólo es posible a través de la libertad, el respeto, la tolerancia y el amor a uno mismo y a los demás. La educación para la paz no desconoce la existencia de conflictos, porque eso sería utópico, al contrario hay que asumirlos como algo natural que puede ayudar a crecer a las personas y a las instituciones.
Una de las características humanas básicas es la necesidad de vivir en sociedad, y en este proceso de socialización hay reconocimiento e interiorización del otro, intercambio de ayuda mutua, cooperación y extremismo, pero no vienen solos, vienen con violencia, opiniones encontradas, decisiones irreconciliables, porque donde hay sociedad, hay presencia de conflictos.
Es necesario que nos demos cuenta de nuestras capacidades para resolver los conflictos en un marco de tolerancia y convivencia pacífica que nos permita ser felices, debemos ser destinatarios de sentimientos mutuos dentro de los cuales se realicen plenamente los derechos de todos. Comprender que nuestros derechos terminan donde comienza los de los demás. Confiando en salvar los valores de la justicia, la solidaridad y el respeto a la integridad humana solo con relaciones transparentes, sin tropiezos, sin engaños y con un buen ejemplo que demuestre nuestro punto de vista, que no son los únicos, ni son los mejores, pero son en los que confiamos y podemos defender.
En conclusión, diría que todos debemos trabajar para cambiar la mentalidad y crear actitudes que promuevan la paz, transformen el conflicto y generen análisis, conocimiento y comprensión de sus derechos, de nosotros y de quienes nos rodean. Debe entenderse que debemos amarnos, respetarnos y ayudarnos unos a otros, estar unidos y creer que somos «UNO» porque somos nosotros en la divinidad de Dios convertidos en seres humanos.
Autor: Lic. Rocío Astudillo


