La Neurociencia en la primera infancia – Lcda. Gladys Guaminga

Lcda. Gladys Guaminga

Es la etapa que abarca desde el nacimiento hasta los ocho años de edad. Es en esta etapa donde las estructuras neurofisiológicas y psicológicas están en pleno proceso de maduración y desarrollo.

Los primeros años de vida son esenciales para el desarrollo del ser humano debido a que las experiencias tempranas perfilan la arquitectura del cerebro y diseñan el futuro comportamiento. En esta etapa, el cerebro experimenta cambios fenomenales: crece, se desarrolla y pasa por periodos sensibles para algunos aprendizajes, por lo que requiere de un entorno con experiencias significativas, estímulos multisensoriales, recursos físicos adecuados; pero, principalmente, necesita de un entorno potenciado por el cuidado, la responsabilidad y el afecto de un adulto comprometido. 

Durante la primera infancia temprana, los circuitos de la corteza cerebral poseen un estado de alta plasticidad (adaptaciones de los circuitos neuronales frente al aprendizaje) que facilita su modificación.

El sueño es considerado un agente importante para el desarrollo del cerebro, ya que supone el financiamiento de aprendizajes de carácter bioquímico. La consolidación de la memoria de largo plazo se realiza cuando el cerebro pasa por el sueño profundo que abarca desde la primera infancia.

Los educadores somos los gestores de los cambios o de la continuidad respecto a la forma en que actuamos en el aula y debemos ser capaces de poder transformar nuestras prácticas en un espacio de creación e innovación o quienes afiancemos las tradicionales maneras de abordar la tarea educativa.

Un aspecto importante es desarrollar la capacidad de sistematizar los aspectos más importantes del proceso de aprendizaje realizado, a fin de mejorar la socialización y transmitir a las familias y comunidad educativa las propuestas y logros de aprendizaje alcanzados con los niños y niñas.