La catedral de Milán es una de las catedrales más hermosas de Italia y la tercera más grande del
mundo. Su historia es fascinante considerando que su construcción duró alrededor de 600 años, es
decir, aquella que fue construida por al menos 20 generaciones de constructores, artesanos y
albañiles. Una construcción histórica como esta requiere sin lugar a dudas muchos materiales y
recursos, pero lo principal y considero que lo más importante que se ha requerido para su
edificación es una visión centralizada y de personas dispuestas a alcanzar el objetivo trazado.
Podemos imaginar el resultado si los constructores se hubiesen dado por vencido en los primeros
años, e incluso en los primeros cien años o quizás en una de sus generaciones, e incluso podemos
imaginar las consecuencias de darse por vencidos en los toques finales a tan solo cien años de
espera. Pero no sucedió, las personas que estaban destinadas a cumplir con una responsabilidad
fueron perseverantes independientemente del papel que desempeñaban, me atrevo a decir que
tuvieron dificultades e incluso ganas de renunciar, pero a fin de cuentas no lo hicieron porque su
visión estaba claramente definida.
La historia de la catedral fue un encuentro donde muchas familias fueron involucradas, no participó
una sola persona, por el contrario, correspondió a un encuentro de muchas personas con caracteres
distintivos, pero mantenían una característica en común: “La visión” lo que generó la apertura a un
trabajo colectivo. Esta historia, se vincula a la nuestra, ya que, por separado no podemos construir
la visión de nuestro prestigioso G.R.B, es necesaria la participación de todos para no vernos dentro
de un simple edificio sin sentido alguno, sino que podamos vislumbrar que es un edificio que le
habla a la comunidad, a la ciudad y por qué no a la nación acerca de la importancia de la formación
de seres humanos con principios y valores, mediante una educación integral e inclusiva, aplicando
una metodología didáctica- activa; dentro de un ambiente agradable, comunicativo, familiar y
acogedor con recursos innovadores, desarrollados a través del trabajo investigativo en equipo que
les permita constituirse como lideres competentes y humanistas. En tal sentido, cada ladrillo de
nuestro colegio, cada Columba, cada mesa, cada espacio representa a un niño con ganas de crecer,
a un joven queriendo explorar, a un maestro con entusiasmo por crear espacios adecuados para sus
estudiantes y sobre todo a un padre que está detrás de este edificio infundado valores y principios
morales.
Cada uno de nosotros es el reflejo de este edificio que habla y que almacena sonrisas de cada uno
de nuestros estudiantes; pero muchas veces devaluamos y retrasamos el alcance de nuestra visión
al concentrarnos en NO hacer nuestra parte. Para nosotros los padres son de gran importancia en
esta corresponsabilidad, puesto que en el hogar se fundamentan principios, valores, espacios de
comunicación y en el colegio lo ponemos en practica para el desarrollo de seres humanos
competentes y humanistas. La visión se alcanza, mediante el trabajo colaborativo, así como pasaron
20 generaciones para la construcción de la catedral, en nuestro hermoso G.R.B cada generación se
ha encargado de establecer su cimiento fuerte lo que ha dado paso al edificio que hoy vemos
construido; pero necesitamos de ti para seguir construyendo un hogar, necesitamos de tu roca, de
tu piedra o granito de arena para seguir formando más que graduados seres humanos con una visión
consolidada que más que dejar un puesto vacío, dejen una huella que marque a nuestras nuevas
generaciones.


